En pleno centro histórico de Lima ha resurgido un tesoro escondido durante siglos: el Molino de la Casa Aliaga. Este importante hallazgo arqueológico nos transporta a los días fundacionales de la capital peruana y refuerza el valor patrimonial de uno de los espacios más emblemáticos: la Casa Aliaga.

Este fascinante vestigio del siglo XVI, el único testimonio físico que sobrevive de los primeros años de la ocupación española, ha vuelto a la vida gracias a los trabajos de PROLIMA. Tras una pausa técnica, las excavaciones se han reanudado con fuerza, abriendo una auténtica ventana en el tiempo. Esto nos permite redescubrir cómo se alimentaba, se construía y se vivía en la naciente Ciudad de los Reyes.
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El hallazgo fortuito: Un colapso que abrió las puertas al pasado
En las mismas tierras que rodeaban la Casa de Aliaga, se levantó también una edificación clave para la subsistencia de la ciudad: el Molino de los Aliaga. Construido hacia la década de 1540, fue una de las primeras estructuras productivas de la Lima colonial. Su función: moler trigo, un recurso esencial para los primeros habitantes de la capital virreinal.
Su ubicación fue cuidadosamente elegida: cerca del río Rímac, que alimentaba el molino mediante acequias, y a poca distancia de la casa de la familia Aliaga y del actual Palacio de Gobierno. Esta cercanía permitía aprovechar mejor los recursos hídricos y también mantener el control familiar sobre su funcionamiento.

Su descubrimiento no fue el resultado de una excavación planificada, sino de un evento fortuito: el hundimiento de la berma central de la Alameda Chabuca Granda. Al retirar el pavimento dañado, los arqueólogos se toparon con un complejo entramado de muros que desafiaba la cronología urbana conocida de la zona.
Entre los hallazgos más destacados se encuentran arcos coloniales, partes del sistema hidráulico, utensilios de la vida cotidiana y la mitad de una piedra de moler, prueba concluyente de que se trataba del antiguo Molino de los Aliaga.
Jerónimo de Aliaga y la primera industria de la Ciudad de los Reyes
Para comprender la importancia de este molino, debemos retroceder a los días posteriores al 18 de enero de 1535. Tras la fundación de Lima, Francisco Pizarro distribuyó solares entre sus capitanes más leales. Uno de los grandes beneficiados fue Don Jerónimo de Aliaga, cuya familia ha habitado ininterrumpidamente la célebre Casa de Aliaga por 17 generaciones —un caso de continuidad familiar único en toda América—.

A pocos metros de su residencia, aprovechando la cercanía del caudaloso río Rímac, se mandó construir este molino harinero hidráulico. En una época donde el trigo se convirtió rápidamente en la base de la alimentación de la nueva población hispana, el Molino de Aliaga fue un motor económico y social indispensable.
¿Cómo funcionaba este ingenio hidráulico?
Gracias a los trabajos de excavación de PROLIMA, hoy podemos entender con precisión científica el mecanismo de esta joya de la ingeniería del siglo XVI:
- Canalización del agua: El sistema aprovechaba un ramal de agua derivado del río Rímac, el cual era conducido con fuerza hacia el molino.
- La Cámara de las Bóvedas: En el nivel inferior, los arqueólogos han expuesto dos imponentes bóvedas o arcos de ladrillo. Aquí se ubicaba la rodezna (una rueda hidráulica horizontal). Al impactar el agua contra los álabes de la rueda, esta comenzaba a girar a gran velocidad.
- Transmisión de fuerza: El movimiento rotatorio de la rueda se transmitía de manera vertical a través de un eje de madera y metal que subía hacia la sala superior del molino.
- La molienda de granos: En el piso superior, este eje hacía girar una enorme piedra circular (volandera) sobre otra piedra fija (solera). Los granos de trigo, depositados en medio, eran triturados por la fricción, produciendo la harina fina que abastecería a las primeras panaderías de la ciudad.

Un hito emocionante de las excavaciones recientes fue, precisamente, el hallazgo de una de las piedras originales de molienda, un testimonio pétreo que conserva las marcas de desgaste del uso diario hace casi 500 años.
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